8 de mayo de 2017

Estados Unidos no inventó los derechos humanos. Esos derechos son comunes a todas las personas: las naciones, las culturas y las religiones no pueden elegir simplemente renunciar a ellos.

Los derechos humanos existen por encima del estado y más allá de la historia. Un gobierno no puede rescindirlos más de lo que otro gobierno puede concederlos. Habitan en el corazón humano, y desde allí, aunque se acorten, nunca podrán extinguirse.

Somos un país con conciencia. Durante mucho tiempo hemos creído que las preocupaciones morales deben ser una parte esencial de nuestra política exterior, no una desviación de ella. Somos el principal arquitecto y defensor de un orden internacional regido por reglas derivadas de nuestros valores políticos y económicos. Nos hemos vuelto mucho más ricos y poderosos bajo esas reglas. Más de la humanidad que nunca antes vive en libertad y fuera de la pobreza debido a esas reglas.

Nuestros valores son nuestra fuerza y nuestro mayor tesoro. Nos distinguimos de otros países porque no estamos hechos de una tierra o tribu o raza o credo en particular, sino de un ideal de que la libertad es un derecho inalienable de la humanidad y de acuerdo con la naturaleza y el Creador de la naturaleza.

Ver la política exterior como simplemente transaccional es más peligroso de lo que creen sus defensores. Privar a los oprimidos de un faro de esperanza podría hacernos perder el mundo que hemos construido y en el que hemos prosperado. Podría costar nuestra reputación en la historia como la nación distinta de todas las demás en nuestros logros, nuestra identidad y nuestra influencia duradera en la humanidad. Nuestros valores son fundamentales para los tres.

Publish Date
octubre 2, 2021
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